19 de noviembre de 2014

Invisible.

Para quien no lo sepa aún: soy estúpida. Tengo la mala costumbre de terminar pidiendo perdón por cosas que no he hecho mal o directamente ni siquiera he hecho. El más pequeño detalle, que a alguien le puede parecer insignificante, a mi se me clava como un puñal y después, no puedo pensar en nada más. Me vuelvo a sentir pequeña, diminuta y no quiero volver a pasar por todo lo que esto conlleva. Me estoy ahogando en mi propio vaso de agua. Quiero ser fuerte, quiero ser una guerrera, quiero ser como un rascacielos, quiero ser esa persona que es feliz sin más que no se preocupa por nada y que no depende de que alguien le preste atención. En realidad, en todo este embrollo me he metido yo solita, porque me gusta autodestruirme. Lo estoy consiguiendo, poco a poco cada vez me convierto en menos, y en todo aquello que tanto odié y odio. Dije que jamás me iba a volver a arrastrar por un tío, pero aquí estoy escribiendo esto y quedando como la gran gilipollas insuperable que soy. Lo irónico de todo esto, es que veo perfectamente todos los errores que cometo, pero no puedo pararlos y hacer otra cosa. Es algo instintivo, me sale sin yo quererlo y lo odio. Lo odio porque me hace parecer débil, hace que todos sepan de mis debilidades. Uno de mis errores, es que soy tan insegura que al final termino pensando que si alguien no quiere compartir su valioso tiempo conmigo, es solo por mi culpa. Sin darme cuenta de que a lo mejor esa persona realmente lo que no merece es que yo pierda mi tiempo con ella. Sin embargo, me da por pensar en todo lo que tal vez estoy haciendo mal con ellos, ¿por qué no me quieren a su lado? me pregunto una y otra vez. Intento cambiarme, ser otra persona distinta, pero no lo consigo, estoy dentro de un círculo vicioso que no hace más que girar y girar, dejándome mareada, confusa y muy perdida.
Es gracioso como a veces podemos confundirnos tanto con alguien. Como idealizamos a una persona y la ponemos en el escalón más alto, dejándonos a nosotros mismos por los suelos, sin darnos cuenta de que no se lo merecen. Cuanto más arriba me vengo más fuerte es la hostia que me doy contra la realidad. Fría y triste realidad. Y si, no es la primera vez que me ocurre. No estoy enamorada, pero estoy encaprichada por una persona que prefiere a todas las demás que a mi. Por un chico que prefiere una chica que pase de su cara, a una que está todo el rato a su lado sin que él se de cuenta. Es triste como dije que no iba a volver a quedarme ciega por un tío más y aquí estoy otra vez. Por otro. Y peor. Yo solo quería que él sintiese lo mismo que yo, que a mi lado se convirtiese en una mejor persona (la que en realidad yo sé que en su interior es). Quería que tuviese tantas ganas de abrazarlo como yo las tengo. Quería que solo por una puta vez dejara de pensar en él, y se diese cuenta de que existo, de que soy una persona de carne y hueso, que tiene sentimientos y un corazón muy muy frágil y medio roto. Pero como siempre he sido una ilusa y solo me he fijado en el su lado bueno, dejando de lado todo lo malo. Esta vez la balanza se inclina claramente a todo lo que odio: su egocentrismo, su ego, que sea tan creído, que sea chulo y un borde de mierda. 
Y que estos días he estado intentando alejarme de él y su maldito olor (que reconozco a metros), y no, no he fallado en esto. Lo he hecho. Le he quitado la cara cuando me iba a dar un beso, me he hecho la loca cuando estaba cerca mía solo para que no se parara a contarme sus batallitas sin preguntarme que por qué tengo cara de tristona, ni siquiera le he mirado en clase cuando estaba delante mía ni una sola vez, ni le he sonreído cuando le he visto por los pasillos. Pero, ¿sabéis qué? Me ha costado dios y ayuda hacerlo. Hacía tiempo que no me sentía tan mal, cada vez que le apartaba la cara o le rechazaba un abrazo, yo solo quería dar marcha atrás al tiempo y dejar que lo hiciese, o simplemente volverme a girar, cogerle y abrazarle y no soltarle nunca más. Pero no.
Pero lo que más me ha dolido es que a él le de igual todo. Que pase de mi, que no se preocupe de porque lloro por las esquinas, y que ni se pare un segundo a pensar que porque cojones estoy tan rara con él. Simplemente para él no soy nadie. Y yo mientras aquí llorando a moco tendido, sintiéndome responsable de toda esta (su) mierda, y sintiéndome culpable por haberlo hecho, cuando tendría que estar feliz por poder ser capaz (aunque con mucho esfuerzo) de yo también saber pasar de él.,,


En realidad todo lo que he hecho estos días no ha sido por mi, ha sido por él. Para hacerle ver que perderme es un error y que estoy aquí, delante suya dispuesta a estar a su lado en las buenas y en la malas.
Incluso todo lo que he escrito es por y para él. 
Soy estúpida.

1 comentario:

Todo lo que fuimos. dijo...

Hola, he llegado a tu blog y me gustaría que me dejases tu opinión
dimetodoloquefuimos.blogspot.com
Gracias, ¡un abrazo!