12 de marzo de 2014

Integrales.

Estar sentada, en clase de matemáticas, intentando entender aquellas putas integrales y preguntando constantemente, ¿y esto para qué coño me servirá a mi? Para nada. Como todo, cultura general la llaman. Supongo que habrá que aprenderlo, aunque una semana después del examen ya me haya olvidado de todo. Así es la gente. Olvida. Y muy rápido. Puede que ese sea mi error, que yo por mucho tiempo que pase, no olvido. Y me digo, coño, pues ya se me podrían olvidar los problemas y todas las personas que me hicieron daño, y no las putas integrales. Pobres integrales, ya las he llamado putas dos veces (y las que faltan). 
Estoy allí sentada, como una más. Hoy me he levantando con el pie izquierdo y todo me parece una mierda. No hago bromas, ni me río, ni hablo con mis compañeros de clase, ni siquiera el profesor me dice que me calle. Estoy mirando a la pizarra, cualquiera diría que estoy atendiendo, pero en realidad solo estoy autodestruyéndome. Como hago siempre. En mi cabeza suena mi canción favorita. Y además de mi canción favorita, es la canción más triste de todo el repertorio. Siempre hay canciones para todos los momentos del mundo. La música nos salva y nos da una razón para seguir. Esta vez no. Ahora esa canción, solo hace que me entren más ganas de clavarme el lápiz en el corazón. Estúpida canción. Y sin embargo, no puedo dejar de escucharla, es parte de mi. Miro a mis compañeros, parece que ni siquiera se han percatado de que algo me pasa. Me miran y me sonríen, como siempre. Es mejor hacer como si nada pasará, porque es mucho más fácil. Los comprendo, si yo fuera ellos, tampoco me preguntarían si estoy bien, o si necesito ayuda. Aunque está claro que mi cara ahora mismo lo dice todo, porque el profesor de matemáticas me dice, 'Estás muy callada María.' Solo asiento con la cabeza, y en mi cabeza y solo en mi cabeza, suelto una frase irónica. Creo que hoy he decidido hacer voto de silencio, porque cuando estoy así, prefiero no decir nada porque sé que después me voy a arrepentir. La pizarra sigue acumulándose de cosas y ahí sigo yo. Sé que voy a explotar, me conozco. Y sé que tengo que huir, antes de que eso ocurra delante de todos. 'Profesor, ¿puedo ir al baño?' Es lo único que quiero decir hoy y lo digo porque es necesario. No me ha escuchado, esta demasiado entusiasmado con las putas integrales. Lo repito más alto y ahora todo el mundo me ha escuchado, incluso escucho alguna risilla de algún gilipollas del fondo. Para ellos la vida es fácil, mientras que para mi todos los días son un maldito infierno. Ni siquiera una contestación del profe, porque salgo dando grandes zancadas de la clase, menos mal que estaba en primera fila y he salido rápido. El pasillo hasta el baño es más fugaz aún porque corro como nunca. Me niego a que alguien me vea así. Entro en el primer baño y echo el pestillo. Ahí ocurre lo inevitable, me tiró en el suelo y rompo a llorar. Sollozo, tiemblo y no puedo respirar. Y nadie viene a por mi. Nadie viene a preguntar qué me ha pasado, si estoy bien. Nadie. Y eso se me clava muy, muy, muy dentro. No sé cuanto tiempo estoy allí dentro, pero cuando salgo y vuelvo a entrar a clase, intento entrar con una sonrisa, mi compañero me pregunta '¿estás bien?', y no sé si es por compromiso o porque realmente le importa, así que simplemente asiento con la cabeza. Creo que es lo que mejor se me da. '¿Qué te pasa María'?, me pregunta mi profesor. 'Nada, estoy bien'. Lo digo porque es lo que todos quieren escuchar, ¿a quién le gustaría escuchar 'me pasa todo, estoy como una mierda'? A nadie, obviamente. Los ojos se me cristalizan, y el mismo compañero de antes, me abraza por la espalda, intentando consolarme o no sé el qué exactamente, pero no lo consigue. Me muevo bruscamente para que no me toque, no quiero que nadie lo haga, no estoy acostumbrada a ello. Entonces, escucho a alguien decir, 'déjala, anda'. Y se van, porque ha tocado el timbre y es la hora del descanso. Pero yo no me muevo de mi silla, ya que mis piernas no responden. Solo me quedó allí, y cuando me quiero dar cuenta por mis mejillas se deslizan lágrimas. Nada más levantarme, supe que hoy no sería un buen día, pero no pensé que sería tan terrorífico, vaya. Podría contar todo lo que me ocurre, en todo lo que pienso, pero estoy totalmente bloqueada, así que lo resumo en: 'no aguanto más, no me aguanto más'. 

1 comentario:

Remitente. dijo...

Parece que no soy la única que ha tenido un día de perros... Mucho ánimo, preciosa. Ah, por cierto, te expresas muuuuuy bien, ¡qué envidia!
Ojalá nunca te falten ganas de escribir ni de sonreir. Sobre todo de sonreír. :*