5 de febrero de 2014

Perfección.

Sé que pareceré caprichosa y una mimada cuando diga esto, pero quiero ser perfecta. La frase que recorre mi mente día sí y día también, pero que nunca sale de mi boca, supongo que por el famoso 'qué dirán'. Por eso quiero ser perfecta, justo por eso, perfecta en el sentido de que confíe tanto en mi que no tenga miedo de lo que puedan llegar a pensar de mí. Es ilógico, porque ya hace un tiempo que dejaron de afectarme los susurros y las risas. Mi problema es que me dejó de afectar, porque yo ya estaba hecha de todas aquellas palabras, que me hirieron, que me hicieron morirme en mi cama, cada puta noche, para el día siguiente tener que levantarme sonriendo para que nadie se diera cuenta. Lo que pasa es que nunca nadie se fijó en mi. Nadie se dio cuenta de lo que me pasaba en realidad, ni siquiera sé para que fingí... total, si no hubiera fingido y hubiera ido a clase toda embadurnada de lágrimas y sin una sonrisa cosida en la boca, tampoco nadie me hubiera preguntando si estaba bien. Creo que siempre he sido invisible. Y sí, sé que es un poder que quieren la mayoría de los niños, pero yo ya no soy ninguna niña a la que se le pueda engañar con superpoderes. Pero qué queréis que os diga, tal vez ese es mi destino, que nadie se de cuenta de que existo, de estar sola, enjaulada en mí misma.
Quiero ser perfecta.
Vale, no es lo mismo decirlo, pero escribirlo ya alivia algo, cosa que necesitaba. No quiero ser yo. No quiero ser en lo que me he convertido, en un cúmulo de inseguridades, de complejos, de decepciones, de resentimientos, de dolor, de terror, de pánico... Quiero ser como aquella chica que veo todas las mañanas, sonriendo porque realmente le apetece, preciosa, sin ojeras, graciosa, a la que todo el mundo parece ver, la que le queda bien absolutamente todo lo que se ponga, la que cae bien, la que tiene mil amigas con las que poder hablar y desahogarse, la que no es rara, la que no está sola jamás, la que no llora por nada ni por nadie, la que no escucha burlas hacia ella en los pasillos, la que si hablaran mal de ella le daría igual. Perfecta. Sé que pueda sonar mal, pero no me digáis que vosotros jamás habéis deseado ser así, perfectos, sin defectos, felices sin más siendo tal y como sois, ¡venga, no me jodáis! Todo el mundo lo ha deseado alguna vez y si eso me hace ser una persona horrible, pues lo soy. Quiero serlo, porque si yo me veo perfecta, todos las demás personas lo verán también.
He pasado tantas horas pensando en una vida que valga la pena vivir, que incluso ya perdí la cuenta. Y si me dieran la opción de tirarme por la venta, morir y vivir en otro cuerpo, lo haría sin dudarlo ni un solo segundo. Porque estoy cansada de tener que pedir perdón a todo el mundo por no ser perfecta. Al principio intenté llevarlo bien, pensado que nadie era perfecto, que yo era así y que alguien en el mundo lograría apreciarme. Pero nadie lo hizo. Nadie me dio una muestra de cariño, algo que me hiciera ver que no me hacía falta cambiar. Ni siquiera él. No estuvo en el momento en el que más le necesitaba y eso me rompió y hizo que deseara no ser nunca más yo. No te pedí muchas cosas, es más, creo que nunca te pedí nada más que me dijeras que me querías. ¿Por qué? Porque con esas dos palabras todo cambiaría, incluso mi manera de ver las cosas. Ella tampoco se dio cuenta. Ella nunca entendió que como mi mejor amiga que era, necesitaba que me dijera que yo no necesitaba cambiar nada de mi, que era perfecta tal y como era, ¿por qué eso es lo que se supone que hacen las mejores amigas? Te dicen las verdades a la cara, pero aún así, te siguen queriendo por lo que eres. Sin embargo, ella solo hizo aumentar mis ganas de ser lo que no era realmente.
No sabía que era lo que era exactamente la perfección, pero ansié tanto llegar a ella, que hasta me ha vuelto loca.


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