11 de enero de 2014

Jodido hijo de puta.

Entre mis pensamientos de este sábado, entre sábanas, recuerdo aquello que dijiste, ¡Otro sábado! ¿Qué coño pasará con los sábados de mierda? 'Encontrarás algo que te haga feliz.'
Jodido hijo de puta.
No se dignó a decir la palabra 'alguien' porque sabía de sobra que no encontraría jamás a ese alguien que soportará cada una de mis partes. Sí, partes. Porque yo no estoy entera, hace mucho tiempo que me deshicé en pequeñas parte. ¿Por tu culpa? No creo, yo ya venía defectuosa de nacimiento. Ya me lo decían todos en el colegio, ¡Qué rara eres! A todos ellos les mandó un saludo desde aquí, gracias, que razón teníais.
Jodido hijo de puta.
Se fue. Y me dijo aquella frase que se quedaron grabadas a fuego en mi piel, en mi alma, en mis pulmones, en mi mente, en cada parte de mi cuerpo e incluso en las que no conocía. Pero él sí. Tal vez fue ese el problema. ¿Te dejé adentrarte demasiado? Por supuesto que sí. Qué tonta y rara fui. Pero supongo que el alcohol me nublaba la mente y después las resacas, y después aquellos brazos, que me apretaban contra él.
Jodido hijo de puta.
Se fue. Y me dijo aquello. ¡SÍ! ¿Me lo dijo para qué me enfadará y no llorará delante de él? Supongo que sí. Creo que realmente nunca me vio llorar, los dos evitamos aquel momento. Yo porque sería débil ante él y él porque...  no sé. A lo mejor simplemente yo le asustaba. ¿Sería por mis medias rotas? ¿Sería por aquella mañana que le tiré la taza de café? ¿Será por aquellas veces en las que mis gemidos quedaron callados en su boca? ¿Sería por aquellas veces en las que le miraba e intentaba no pensar en nada más?
Jodido hijo de puta.
Se fue. Hoy me he levantando pronto. Increíble. He visto el amanecer. ¿Ha sido tan impresionante como me dijeron que era? No me he dado cuenta. Estaba tomando un café solo, en un bar porque fue inevitable acordarme de él. Ese maldito café me dejo indefensa. Lo hizo porque una vez, mejor dicho dos veces, me dijo que el olor a café le recordaba a mi. Nunca averigüé el por qué de aquello.  Pero me lo dijo como si ese fuera su secreto más preciado y mejor guardado. Y sí, me lo dijo un sábado. Al amanecer.
Jodido hijo de puta.
Desde que te fuiste, he estado buscando ese algo que me hiciera feliz. Ha pasado mucho tiempo desde ese sábado.Y por culpa de ello, he cometido muchos errores y han habido muchos hombres en mi cama. Muchos morenos, altos, con ojos color miel. Ninguno me ha hecho sentir eso que dices. Felicidad. Creo que me mentiste. No sé lo que significada esa palabra y donde encontrarla. Sin embargo, desde ese último sábado he estado buscando eso, 'la felicidad', porque tú me lo dijiste.
Jodido hijo de puta.
Esa mañana de sábado, me levanté entre sábanas blancas. Fui al baño, me lavé la cara y me recogí el pelo. Iba en bragas y con ojeras más que con ojos. Pero mi aspecto ya no me importaba. Incluso ya no me pesé como hacía antes todas las malditas mañanas. Miré por encima y ni siquiera encontré la báscula blanca, pero tampoco me importó. Fui a la cocina y preparé café solo. Salí a la terraza y pegué un sorbo a mi café. Hacía un poco de frío aquel sábado, pero exacto, no me importaba lo más mínimo. Lo noté al instante. Suspiré mientras su mano recorría mi espalda. Se acercó más y más, hasta que apoyó su pecho en mi espalda y sentí su corazón bombear sangre, una y otra y otra y otra vez. Me puso su cara en mi cuello y me giró. Quedamos cara a cara. Suspiré e intenté volver a coger aire. Pero se me olvidó. Pero no me importaba, no necesitaba hacer aquello tan insignificante en ese momento. Lo miré fijamente en busca de algo que decir, en busca de algo en lo que pensar sin sentirme así de confundida. No había nada más que él. Él delante mía. No había querido mirarle dormir porque sabía que eso sería un grave error. Un error que no se podría arreglar. Y no me gustaba esos tipos de errores sin solución. Suficientes cosas rotas había ya por esta casa.
Esperaba que se abalanzará contra mía y me follara en el frío suelo de la terraza. Pero no sucedió. Me abrazó, nunca antes nos habíamos abrazado. Al menos no así. Sentí algo interior. Algo parecido a náuseas. Incluso me mareé tanto que pensé que me comería el suelo. Me agarré con más fuerza a su espalda por instinto. Creo que le arañe por el gemido que soltó. Se separó un poco de mi y me dio un beso en la frente. Aquel maldito sitio prohibido para mi. Y él lo sabía, sin embargo, lo hizo. Y sí, también ocurrió. 'María, no puedo seguir con esto. Encontrarás algo que te haga feliz'. Lo dijo.
Jodido hijo de puta...
Sí. Se fue. Ahí me dejo. Sola. ¿Qué no podía seguir con qué exactamente? ¿Con acostarnos todas las noches, todas las mañanas y todas las tardes? ¿O no podía seguir con alguien como yo? Que cada vez algo no iba bien, rompía lo primero que pillaba. O que cada vez, que alguien no hacía lo que quería, se enrabietaba como una niña pequeña caprichosa. Ahogaba mis problemas en vodka. Y en mis resacas, le llamaba por teléfono y no decía nada. Solo le escuchaba hablar y echarme la bronca por beber tanto, después cuando me cansaba de ello, chillaba y chillaba hasta quedarme sin afónica. Iba con tacones de diez centímetros, con medias rotas que yo misma rajaba y con el rímel corrido que tapaba con unas enormes gafas de sol. Creo que se cansó de eso. Se cansó de tener que venir a mi casa, cada vez que no contestaba sus llamadas. Se cansó de que le despertará en medio de la noche. Se cansó de que cuando me intentaba coger la mano por la calle, yo la apartará rápidamente. Se cansó de los juegos a los que yo inventé. Se cansó de intentar curarme los días malos con café solo que yo solo tiraba a la pared de mi habitación, viendo como la taza se hacía añicos contra el suelo. Se cansó y no me enfado porque lo hiciera. Yo también me cansé de mi. ¿Sería 'la felicidad' aquello que sentí cuando me abrazó? Espero que no, porque me sentí demasiado débil, como si fuera pudiera quedarme entre aquellos brazos toda mi vida. Y yo no era de las que se quedaban en un sitio mucho tiempo. Y menos toda la vida.
Jodido hijo de puta... ¿qué me hiciste?



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