12 de diciembre de 2013

Murió por ella misma.

Indefensa. Una persona contra todas las demás es algo injusto, sabes que no vas a ganar la batalla ni la guerra. Ni siquiera te dejan defenderte ni con espadas ni escudos. Llegan en medio de la noche y tú no te das cuenta absolutamente de nada. Ilusa. Confiada. Sabía que no tenía que volver a a dormir con la puerta sin cerrojo. Me acostumbré a que la gente me terminará salvando y ahora, ahora que no hay nadie, ¿Quién debe salvarme? ¿Debo morir?Algo me responde que no, pero yo siempre me intento autoconvencer de que si. De que no hago nada de provecho. De que no valgo nada. De que nadie me quiere, de que nadie se ha dado cuenta de mi existencia, y si lo ha hecho, le da infinitamente igual, porque soy insignificante e inservible. Me tocas y ni siquiera me tambaleo, simplemente me caigo. Porque al final nada me puede salvar de mi. O mejor dicho, de mis pensamientos, esas voces que siempre me gritan y amenazan. Las intento acuchillar, pero nada hace efecto. Hablo con cualquier persona, pidiendo ayuda, pero nadie me cree, nadie me entiende ni siquiera pueden escucharme porque me callan , los monstruos callan mis lamentos, mis quejas, mis súplicas, mis gritos pidiendo compasión y ayuda. Esas dos palabras que realmente nadie conoce su verdadero significado. Pido perdón, de rodillas, y suplico. Ya no me queda nada. Pégame un tiro, le grito al viento. Pero solo mueve mi pelo, y eso lo interpreto como un 'estás loca, termina con esto de una vez'. Pero nada ocurre. Me quedo allí mirando a la nada y de repente ellos, y esas voces vienen a por mi. Por fin. Y entonces, es cuando la cuchilla toca mi muñeca, me siento aliviada. Sale sangre a borbotones pero me siento bien por primera vez en mucho tiempo. Todo se calma.' ¿Veis monstruos? He conseguido callaros'.

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