13 de noviembre de 2013

La caja de pandora.




Tantas cosas se guardo en su interior. En esa caja de sentimientos frustantes, de sensaciones de desamparo, soledad y tristeza, decepción con impotencia, lágrimas, suspiros, insultos...
Podría ser perfectamente como la caja de Pandora. Cuando esa caja se abra, todo aquello saldrá despedido por los aires sin piedad. Y no se podrá salvar nada ni nadie.
La miró con rabia. Necesitaba que ella fuera como él quería. Perfecta. Ni un solo error. Ni un solo fallo. Quería una máquina, no una persona de carne y hueso. ¿Pero él que sabía? ¿Y ella que iba a hacer? Ella había caído en sus redes como una niña tonta, como una ilusa que creyó en palabras bonitas durante un día y después todo se volvió oscuro, pero ella siguió allí no se marchó porque en su interior algo le decía que ella podría hacer que él la quisiera y la aceptara, ella podría cambiar y ser como él quería... 
Y él era solo un niño con la infancia robada, que no sabía lo que quería, que había perdido a tanta gente que le daba miedo comprometerse con la gente, que siempre veía las cosas malas, que nada era suficiente para él, pedía más y más y tenía que ser exactamente como él lo pedía. Pero en el fondo de su ser, su voz que le guiaba al fin y al cabo, le decía que tuviera paciencia, que ella era lo que él buscaba, solo que estaba escondida en ese caparazón que nunca se quitaba de encima. 
Pasaron días, semana  e incluso meses. Ella cuando pensaba que avanzaba, se daba cuenta de que tan solo estaba dando tres pasos para atrás. Era tan desesperante. Tan ilógico. 
Y cuando él creía que ella se estaba adentrando a toca su corazón, alguien tiraba de su mano y lo alejaba de él. 
Ella aguantó sus cambios de humor, sus gritos, sus días negros y sobrevivió a todas las putadas que él le hacía día si y día también. Le perdonó lo imperdonable. Y le quiso lo inimaginable. 
Él cada vez que ella le calmaba, se asustaba más, por ese efecto que solo ella causaba en él, le desplazaba a otro mundo ¿eso es lo que él quería? ¿ser otra vez débil? Entonces, solo tenía que hacer aquello que provocaba sus lágrimas, gritos, reproches e insultos sin argumentos. Y aquello él sabía que a ella le estaba consumiendo por dentro. Él era su vicio y lo sabía. Como el fumar. Que al final acabas muriéndote por lo que tú dirías 'unos cuantos cigarrillos'. 
Pero como siempre, en su casa cuando todo iba mal, él se refugiaba en ella,la llamaba al móvil a la hora que fuese porque sabía que a los minutos ella estaría en su habitación abrazándole, y él solo podía besarla, acariciarla, hacerle el amor una y otra vez hasta que quedaban exhaustos. Y al día siguiente, cuando ella abría los ojos y lo veía, no podía sentirse más feliz, aprovechaba esos únicos momentos de calma que tenía con él como si fuesen los últimos... porque en realidad, no sabía cuando podía pasar aquello, pero creía que en cualquier momento, cuando menos se lo esperase, él la podía tirar de su vida sin más. Y ella no lo aguantaría. Lo sabía. ¿Qué era ella sin él? Y ella mientras le acariciaba la cara mientras dormía se preguntaba lo mismo pero a la inversa, ¿qué sería de él sin ella? Creía que lo podría ser todo, porque confiaba tanto en él, que sabía que todo lo que se propusiera lo podría conseguir. Cuando él se despertaba, le daba un beso, se cambiaba, y la dejaba allí sola. A él no le gustaba verla por las mañanas, porque estaba tan guapa que sería imposible aguantar esa sensación... ese sentimiento que hacía que quisiese gritarle que la quería. ¡Qué le quería! Algo él nunca pensó que querría decir. 
Pasaron más meses, un año... y un día como otro cualquiera, ella terminó explotando. Y su caja de pandora, se terminó abriendo, algo que nunca quiso que pasará. Pero que terminó ocurriendo. ¿Por qué? Ella suponía que por un cúmulo de cosas, pero sobre todo por las cosas que no pasaron, que no se dijeron.
'Ya no puedo más. No sigas, por favor. Te lo suplico, y si quieres me pongo de rodillas. Pero para. No puedo seguir con... con esto, sea lo que sea que tengamos, si es que lo tenemos. ¿Tú qué crees que me merezco toda esta mierda? ¿Tu mierda? Te odio tanto... que no lo soporto, pero a la vez te quiero tanto también, que me bloquea. ¿Qué es lo que me falta? Dímelo, solo tienes que hablarme. HABLARME. Dime lo que quieras, lo que necesitas, y sabes que yo lo conseguiré. Por ti. Por todo esto que siento sin ti. Pero para porque sino nos vas a matar a los dos.'
'¿A los dos?'
'Sí. No intentes excluirte más. Tú también estás en esto y lo sabes perfectamente, aunque te joda.'
'Me jode, porque solo estás diciendo estupideces. Lo tuyo y lo mío no es más que follar.'
'Eso es mentira. Me estás mintiendo, ¡otra vez, joder, otra vez! ¿aún no te has cansado? Para ya de jugar, no somos niños, y yo no soy tu muñeca y nunca podré serlo. Soy así. Como me conoces. Soy yo. Soy yo, ¿sabes? y te quiero.'
'Basta, joder.'
'Mírame. Mírame a los ojos y dime de una puta vez que no me quieres y me iré. Pero me iré para siempre. Después no valdrá una llamada y acostarnos para arreglar las cosas. Que me mires y me digas que no me quieres, dímelo, joder, dímelo.'


Y ocurrió... 
Ella le miró. Él la miró. Se miraron fijamente, intensamente y dulcemente. Ella intentaba mantener la compostura, pero entonces...él lo dijo. Y ella se derrumbó, cayó ese rascacielos que había formado en su interior, lloró y lloró hasta perder la cordura. Y todo pasó a ser como al principio, como siempre, absolutamente nada.


'No te quiero'. 



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