6 de noviembre de 2013

Carta nº2.

Querido X:
Otra vez aquí...Te diría que te voy a hablar de cosas bonitas que han ocurrido o que tan solo venía a preguntarte como estás, pero me es imposible. Siempre fui sincera contigo y lo seguiré siendo. Te escribo porque no puedo hablar con nadie más. Ayúdame, por favor. Estoy pensando en verdaderas locuras que nunca creía que se me pasarían por la cabeza. Me siento mal a todas horas del día, son unas ganas de echarme a llorar constantes, unas ganas de romper todo impresionantes. Me siento sola. Qué digo sola... me siento solísima, siento que todas las personas del mundo van contra mi y yo solo puedo preguntarme ¿qué les he hecho yo para merecer que me traten así? Todas las palabras me pesan. Todo lo que me dicen, son puñales que se clavan en mi estómago. Es tal la sensación, que ya no puedo ni siquiera dormir. Mis ojos se abren en medio de la noche, asustada, temblando, desolada. ¿Entiendes mi sentimiento? Necesito que me digas que solo te estoy diciendo tonterías, que me lo estoy inventando, que yo no soy un lastre para nadie... pero no te puedo escuchar, por mucho que hable con la luna, o con el mismo sol, tú no me respondes. Y entonces, es más el vacío que siento en mi interior. Me han dejado sin nada, me han absorbido hasta compartirme en alguien así. En alguien como ya. Alguien que no gusta. Alguien que sobra esté donde esté. Que no encaja. Que nadie es igual que ella, y nadie puede comprender y ni siquiera lo intentan. Nadie le muestra una pizca de empatía, de cariño, su piel tiene un color feo y por eso nadie quiere ponerse en ella. Su alma está negra, negra como el cielo cuando va llover. Ahora me sirve lo que sea, un 'todo va a salir bien' o un puto 'tranquila, yo estoy aquí contigo'. Pero no, mire por donde mire, todo es soledad, todos huyen de la tormenta y yo soy la mariposa que va hacia a ella. Contracorriente. Sin explicación alguna.
Ya sabes que siempre fui una niña sin miedo a la tormentas, pero ahora, cada vez que se presenta alguna, es inevitable meterme debajo de las sábanas y no salir de allí. El ruido de los truenos, la luz de los relámpagos, me espanta. Me atemoriza y por mucho que intente sacar la cabeza de las sábanas, todo se repite una y otra vez, trueno tras trueno seguido del relámpago. Y yo no puedo hacer nada contra eso. Soy débil.  Sin embargo, de pequeña amaba mirar por la ventana durante horas las tormentas. Lo que sigue sin asustarme es la lluvia, un poco de agua no puede hacer daño a nadie, ni siquiera a mi. Es mas, me enjuaga las heridas y siempre siento un alivio al sentir el agua por mi cara. Es como si yo, mi real yo, siguiera viva dentro de este monstruo...
Supongo que todo era mejor mientras tú estabas aquí. Después te fuiste, desapareciste y todo ocurrió como una tormenta.

No hay comentarios: