3 de octubre de 2013

Lluvia.

De esas veces en las que no quieres hablar. En las que tan solo deseas escuchar el silencio. O la tormenta. El problema es que hoy llueve en todo el puto mundo entero, menos aquí. Y a veces simplemente necesito lluvia. La lluvia a todo el mundo le suele deprimir. A mi todo el contrario. Me produce alegría, calma, paz, sosiego. Una tranquilidad dulce. De esas a las que no tengo miedo. Porque a veces si es verdad, que hay noches de angustia calma a las cuales temo muchísimo. Pero a ese tipo de calma, no. Es algo necesario. Ver las gotas caer por tu ventana lentamente, ese sonido tan melódico del agua cayendo sobre el suelo, el viento chocando contra todo lo que se lo pone delante, el olor a tierra mojada y esa fresca brisa que entra por mi ventana. Eso quiero. Hace poco descubrí un sitio al que necesito viajar, es Yakushima, la isla japonesa del diluvio eterno, además de preciosa. ¿No sería magnífico estar allí? A la isla también la llaman 'el bosque encantando' y creo que no podría haber acertado más. Es el nombre exacto para descubrir ese lugar. Magia. Magia. Esa magia de la que siempre hablo. Pues uno de los lugares que la tienen es ese. Pero al pensar en ir allí sola... no sé, me viniste a la mente tú. ¿Es demasiado estúpido? ¿Es demasiado estúpido soñar despierta con coger el primer avión que nos lleve a esa isla, de la mano, corriendo sin pausas y sin prisas, pero con mil ganas para ir allí y comernos a besos bajo la lluvia? Supongo que lo es. Lo es porque sé que es imposible. Pero ¿a quién no le gusta fantasear con las cosas imposibles? Realmente, a veces, los días de lluvia siendo más exactos, me pregunto si estoy enamorada de ti o de tu recuerdo. Y duele pensar en la respuesta, porque creo que es la segunda. Y no es que me duelan los recuerdos (que también), sino que... cuando solo te queda eso, sabes que todo lo demás se ha acabado. Que ya no vas a crear más recuerdos a su lado, que ya no le vas a contar tus días aburridos y que no le vas a poder contar tu locura de ir a Yakushima. Y duele. Duele tanto como cuando te vuelves a abrir la misma herida, para echarle otra vez el puto alcohol. Ya solo queda su recuerdo. El recuerdo de sus besos. De sus abrazos. De su forma de mirarme. De su forma de tratarme y tocarme. De sus malditas palabras. De su forma de reír. De su forma de tocarse el pelo cuando estaba nervioso. O su forma de mover el pie cuando se aburría. Hasta cuando movía la mano para quitarle importancia a algo. De su forma de contar chistes malos en el momento menos apropiado. De él. De su puto recuerdo que cada día me va consumiendo... y él se va esfumando. 

Y es cierto, no necesito hablar, ni quiero hacerlo. Mi profesor dice que habitualmente los alumnos sabemos hablar mejor que escribir. Y he estado a punto de levantar la mano para contradecirle pero realmente no tenía sentido, porque iba a decir que a mi lo de hablar no se me daba nada bien, prefiero escribir, porque sé que estoy 'diciendo' de algún modo, lo que de verdad siento. Sin rodeos. Y sin mentiras. Solo mis pensamientos, sensaciones y sentimientos. Y por eso no quiero hablar con nadie. Solo necesito tumbarme en mi cama, escribir con mi música preferida, escuchar la lluvia caer por mi ventana y pensar en él (diría estar con él, pero sé que es imposible, como he dicho antes... así que me quedo con su recuerdo).


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