19 de agosto de 2013

Soñar.

¿Dónde tengo que firmar para poder morderte la boca? ¿Y para arañarte la espalda? Cada noche sueño con lo mismo. Se repite. Y me encanta. Me encanta soñar lo cerca que estamos, porque es tan real, que puedo sentir tu piel abrasando a la mía, incluso huelo al jabón que usas. Estás tan cerca de mi, que siento que nuestros corazones bombean al compás, que están hechos uno para el otro, para completarse, para sonar juntos, para no separarse jamás. Como un puzzle. Somos eso. Un instante. Donde puedo ver otra vez tu sonrisa dirigiéndose a mi, donde puedo perderme en tus ojos café, y escuchar tu voz que me hace suspirar. Creo que incluso puedo escuchar tu risa desde este lugar. Puedo ver como primero me agarras por el brazo y suavemente desciendes por el, acariciándome, hasta llegar a mi mano y después, entrelazas nuestros dedos. Puedo verlo, puedo sentir lo que desprendes. Lo que me impregnas. Esa jodida sensación que recorre todo mi cuerpo, de pies a cabeza, cuando me abrazas tan fuerte, que hasta se me olvida como se respira. Pero no me importa, porque tú me das tu aire. No me dejas caer. Me sujetas. Estás conmigo. Subo mi mano por tu mejilla y noto como aún no te has afeitado, te echaría la bronca, pero ahora no quiero eso, porque aún te riña por eso, me encanta el tacto de tu mejilla sin afeitar. Tocar tu pelo y revolverlo aunque lo odies más que nada, como mi hobbie favorito. Y tu tirarme de las mejillas, mientras yo me quejo pero tú me tranquilizas poniendo tu cabeza en mi pelo, donde me das un cálido beso y yo me apoyo en tu pecho. En mi hogar. Vuelve esa sensación. De querer aislarme en ti. De entrar sin tener que salir, pero solo si es contigo. De verte y sin ninguna razón sonreír, o bueno miento, yo si tengo una razón para hacerlo, ahora si lo sé, esa razón es tan simple... tú. ¿Qué más puedo necesitar? Tu voz es una gran banda sonora, pero si puedo elegir algo que escuchar durante el resto de mis días, elegiría tu risa. No me importaría morir escuchando solo ese sonido. Y si tengo que elegir un lugar para acabar mi paso por aquí... serían tus brazos, abrazarte, besarte, es lo que me da calma, seguridad y lo mejor, me recuerda a que tú eres mi casa. La única en la que me sentiré en paz. Me siento tan a gusto acariciándote, como lo estoy haciendo ahora, encima tuya, besando tus labios carnosos, mordiendo tu labio inferior y el lóbulo de tu oreja, aferrándome a ti mientras te araño la espalda. Después, abro los ojos y me choco con la dura y congelada realidad. Es un sueño. Todo es un sueño. Pero me gustan los sueños, y más si tú estás en ellos. Por eso, me gusta cerrar los ojos e imaginarme un mundo a tu lado. Aunque no lo pueda tener. A veces es mejor soñar.

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