13 de agosto de 2013

Buenos días.

Notaba su pecho encima del colchón, subiendo y bajando. Su corazón latiendo. Veía su pelo despeinado de un color más claro del habitual, debido a los rayos de luz de la mañana que entraban por la ventana. Su espalda llena de lunares, que había contando infinidad de veces... Su boca y sus labios, siempre habían sido tan acogedores para mi, me habían recibido tantas veces con tanto anhelo, con desesperación, con rabia, con furia, con amor,con dulzura, con cariño, con salvajismo. Así había estado más de media noche, observando su manera de dormir, mientras pasaba mi mano por su espalda. Caricias en la espalda. No quería dormir, si él estaba conmigo. Quería verlo. Antes de que fuera demasiado tarde. No me quería perder ni tan solo un suspiro suyo. Admirarlo. Detén los relojes.
Acerqué mi cara a su boca, ¿por qué perder la oportunidad? Era algo estúpido. Pase mis labios por los suyos, rozándolos, simplemente una suave caricia. Lo había notado, lo sabía. Me separé poco a poco y me incorporé en su cama, justo cuando él abrió del todo los ojos. 
-Buenos días.- dijo al verme. Su voz. Su voz hacía que se me acelerara el corazón. Me da igual lo que dijera, siempre que me lo dijera a mi. Ya no eran sus 'buenos días pequeña'. pero eso no importaba ya. Estuvimos en silencio, manteniendo la mirada uno en el otro. Otra vez. Detén los relojes, por favor. - ¿Qué haces aquí? -preguntó-. 
-No lo sé -respondí lentamente, con un fino hilo de voz. Y después solo pude suspirar.- 
-Te he estado buscando. No dabas señales de vida.
-Ya. 
-¿Ya? ¿Sólo vas a decir eso? Joder. ¡Joder! -gritó mientras se ponía delante mía sentando en la cama, como yo y me miraba muy fijamente. Estaba enfadado, decepcionado,y muy dolido, pero eso ya lo sabía antes de venir aquí, incluso antes de desaparecer.- 
-Necesitaba verte...
-Yo he necesitado verte durante todo este tiempo. Esta es la primera noche que he dormido mientras no estabas ¿sabes? Desapareciste, no cogiste las llamadas, no decías nada a nadie. Era como si la tierra te hubiera tragado. -
-Ojalá lo hubiera hecho. -notaba mis ojos cristalizados, pero me reprimí las ganas de soltar lágrimas innecesarias por ahora.-
-Para. Para porque me están haciendo polvo. En realidad, ya me lo has hecho. Cuando te quisiste ir de mi vida, lo hiciste. Me destrozaste. ¿Por qué? No lo entiendo. ¿Tan mal te traté? ¿Tan mal te hacía sentir? Podías a verlo dicho, al menos a donde ibas. Darme una explicación. Pero no. Tú no. Tú no haces esas cosas. Simplemente te vas y me dejas aquí. Solo. Sin ti. Sin parte de mi vida. Sin parte de esto -dijo señalando su corazón- Eres idiota, ¿sabes? Pero¿sabes otra cosa? Yo lo soy más. Porque me acostumbré a ti. A tus manias y a tus costumbres. A dormir abrazado a ti aunque fuera hiciera 30 putos grados. A que tardarás más de hora y media en prepararte, incluso para salir a comprar el pan. Me acostumbré a ir contigo a todos los sitios, rodeándote de la cintura. Al olor de tu pelo. A esperar media hora en la acera en frente de tu casa, porque eres lo más impuntual que existe. A que las noches que no pasábamos juntos, me llamaras  a las tres de la madrugada. A tus chistes malos. A tu manera de reír. A tus abrazos cada vez que me notabas triste. A que me despertarás saltando encima de la cama, y tirándome almohadas encima. A tus enfados. Me acostumbré incluso a tu manera de mover la pierna cada vez que estabas nerviosa, o a esa media sonrisa pero con ojos vidriosos que pones cuando vas a llorar. Sabía que tu café favorito, era simple, con leche y media cucharada de azúcar, porque si no, no sabía a café. A ir contigo por la calle y que chillarás como una loca, mientras saltabas, y hacías que todos nos mirarán. Me acostumbré a tantas cosas. A tu sonrisa, a tus ojos, a tu pelo, a tu olor, a tu voz, a tus manos, a tus caricias, a tus labios suaves y rosas, a tus besos de 'amigos' como a veces lo llamabas... -sin poder remediarlo más me eché a llorar como una niña pequeña. Dios. Me había quedado sin palabras- 
-Sí, así me he sentido yo sin ti. Llorando, sin poder decir absolutamente nada. Lo bueno, es que estás aquí, aunque me hayas hecho daño -se acercó a mi, hasta quedarse a centímetros.- te necesito. Y sé que tú me necesitabas también a mi, sino no estarías aquí.- empezó a quitarme las lágrimas con besos por las mejillas, me besó los pómulos, la nariz, la barbilla, la sien, bajó a mi cuello y también me beso por allí. Lo cogí de pelo, y lo acerqué más a el. Cuando separó los labios de mi cuello, le levanté la cabeza y cogí su cara con mis dos manos y lo acerqué más y más y más y más... a mi, besé las comisuras de sus labios, dibujé el contorno de ellos con mi lengua, y después los rocé como había hecho hacía un rato, mientras dormía. Fue suave, hasta que él, pidió más tocando mis labios con su lengua, entonces abrí mi boca, y dejé paso a que nuestras lenguas empezarán a jugar, a crear una guerra, donde quedarían empate. Sus manos me recorrieron sin preámbulos y empecé a temblar. Él hacía este efecto en mi. Nos separamos para coger aire, despegando nuestros labios suavemente. Pero yo no le solté la cara, nuestras narices estaban juntas, al igual que nuestras frentes.- 
-Me fui, porque estaba asustada. -mentí, bueno en realidad, era en parte cierto. Pero por ahora, no le podía decír el porque.- Sé que vas a preguntar porque, pero eso ahora ya no vale la pena -le acaricié la mejilla con un dedo, mientras aún sostenía su preciosa cara.- Yo...
-Te quiero.- esas dos palabras que me interrumpieron, hicieron que me quedará paralizada. No es que nunca me las hubiera dicho, pero antes no eran así. No habían sido tan sinceras como ahora, antes eran te quieros de amigos, sin el sentimiento tan fuerte que he sentido en el corazón cuando las ha pronunciando...dios, ¿qué ha pasado? Mis pensamientos fueron callados cuando sentí otra vez su boca sobre la mia y sus manos quitándome la ropa y haciéndome estremecer. Él me hacía respirar otra vez.

Detén los relojes... 


M.

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