2 de abril de 2013

'Eran el uno para el otro...'

-¿Qué te pasa?
-¿Que qué me pasa?
-Sí.
-Nada.
-¿Cómo qué nada?
-Como que nada.
-¿Por qué coño eres así?
-Lo siento, no puedo cambiar.
-Ya lo sé, te conozco demasiado bien, eres una cabecita loca. Risueña, alegre, nunca deja de sonreír. Y sé que ahora te pasa algo. -y la miro fijamente a los ojos y ella a él-
-Me pasa que me duele. -y una lágrima se derramó por su mejilla, pero ni en ningún momento, le quito la mirada a los ojos del chico.-
-Dímelo.
-Me duele que no estés aquí. Conmigo. A mi vera. Dándome calor, regalándome sonrisas de las tuyas de esas que me dejan sin respiración. Te quiero. En mi cama, a poder elegir, o en mi sofá. Tumbado. Apretándome. Besándome... pero sé que eso no puede ser, que tú la quieres a ella, que es a ella con la que hablas todo el día, en la que piensas, a la que te follas, con la que sueñas, a la que besas, a la que llevas de la mano a todos los sitios, a la que tu familia conoce, a la que duerme al otro lado de tu cama, la que ve películas contigo, la que te escucha, la que te apoya, la que está ahí siempre, a la que le dedicas sonrisas, a la que le dices buenos días y buenas noches, y es la persona que darías todo por ella. Y no por mi. -y finalmente bajó la cabeza-

Pero fueron escasos los segundos que miró al suelo, él cogió su mentón y levantó su cara llena de lágrimas. ¿Cómo había sido tan jodidamente estúpido? Estaba ahí delante. Es cierto, él no la quería. Porque eso a él se le quedaba corto. Y no había querido darse cuenta de aquello. Siempre la había necesitado. Su voz interior siempre le decía, 'es ella, en realidad', pero siempre la hacía callar. Le miró y le sonrió. Era preciosa. Y ella le quería a él. Y él a ella.
La besó dulcemente. Salvajemente. Eran el uno para el otro.

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