24 de marzo de 2013

Sociedad, suciedad.

Y aún está ahí, aún la puedo ver, con sus grandes ojos marrones oscuros. Esa niña de cortos y lisos cabellos dorados, como el color del atardecer de aquel día que la perdí. Con su vestido de princesa, incluso con esa corona que ella siempre creía llevar. Aún puedo ver el destello brillante en su mirada y la fuerza de su sonrisa. Siempre se mantenía así, incluso cuando los monstruos quería ir a por ella. Miraba debajo de su cama y dentro del armario todas las noches para asegurarse de que nadie la atacaría allí dentro. Nunca hubo nada y ella se alegraba. Pero cuando cerraba sus ojos, aparecían otra vez, aquellos monstruos de melenas largas negras, con ojos rojos saliéndose de las órbitas, el color grisáceo de sus cuerpos, tantas manos intentando cogerla, llevarsela con ellos, sangre y un grito. Y despertaba, y siempre se repetía la misma historia. Pero su pesadilla comenzaba al abrir los ojos y al ver como por las mañanas, aquellos niños solo se le acercaban en el recreo, para tirarle de la coleta, para pegarle, para insultarla o para humillarla. No sabía lo que pasaba. Pasaban días, meses, incluso años y yo seguía sin ver esos moratones, como lloraba por las noches hasta crear océanos, los cortes de sus muñecas o sus ojos inyectados del dolor y sin vida. Ella lo arreglaba todo con un 'no te preocupes, mamá, está todo bien' acompañado de su sonrisa dulce. ¿Cómo pude creerla? ¿Cómo estuve tan ciega? ¿Cómo no supe todo lo que sufría y callaba? Incluso recuerdo como si hubiera sido ayer, como subía por la azotea corriendo, se lanzó al vació y su cuerpo terminó chocando contra el viento frío de invierno y sus lágrimas se convertían en hielo. Lo vi. Vi como se desvanecía en el aire. Como de repente supe que nunca más la vería, que no podría mirarla nunca más a los ojos, ni despertarla a besos, ni hacerle cosquillas, ni sacarle una sonrisa mientras lloraba.Tampoco podría verla crecer, ni gritarle cuando se cogiera su primera borrachera, ni recogerla de fiesta y que sintiera vergüenza de mi, ni verla todos los días, no podría celebrar su cumpleaños y tampoco contarle un cuento antes de dormir como cuando era pequeña. Mi vida sin ella, sin mi niña, no tendría ningún sentido. Ahora sé que nunca tuve que contarle cuentos sobre monstruos debajo de la cama. Porque los monstruos nunca están debajo de la cama. Pero las personas que han hecho esto ahora desde lejos, escuchan mis lloros y se lamentan de haberla tratado como una mierda, de haberla hecho sufrir de aquella manera, de hacerle sentir inferior todos los putos días de su vida. Pero ya no tenía solución. NO TIENE SOLUCIÓN. Grité al mundo entero. Noté su último beso en mi mejilla con un 'te quiero mamá', pero la vi todos los días de mi vida. He sido fuerte por ella. Porque yo no la pude ayudar, porque ella no pude serlo. Yo lo soy por las dos. todos los días de mi vida. He sido fuerte por ella. Porque yo no la pude ayudar, porque ella no pude serlo. Yo lo soy por las dos. Te quiero hija, hasta mi último respiro. Siempre lo haré. Sociedad, suciedad.

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