27 de marzo de 2013

1º.

Nunca me han gustado los domingos. Pero ese domingo era distinto, hoy los odiaba más que nunca, porque esa tarde sería la despedida. ¿Qué puede haber peor que una despedida y encima un domingo? "No te vayas, por favor", era lo que recorría mi mente a cada segundo. Fui hasta la cocina y cogí un plato. Lo tiré y contemplé como se rompía en mil pedazos, era exactamente como estaba yo en ese instante. Después de aquello, no sabía si recogerlo o escapar de allí. Opté por la segunda opción, me ahogaba en casa. Con sus cosas. Con sus recuerdos. Con su olor impregnado en mis sábanas. Cogí simplemente las llaves de casa y huí de mi casa. El viento en seguida se topó con mi cara y yo puede que hasta me sintiera un poco mejor. Decidí caminar sin rumbo durante, tal vez, muchas horas. Mi móvil sonaba. La hora se acercaba. Subí las escaleras, al igual que las subí hace unos simples meses con él,  pero aquella vez llevaba los ojos vendados. Por fin llegué y admiré las vistas de Madrid desde allí. Que alto estaba aquello, es lo que pensaba siempre al subir. Bueno, miento. Siempre pensaba que me encantaba esa azotea, pero los recuerdos que me traían me destrozaban un poco más. ¿Cómo puedes irte? ¿Cómo puedes dejarme sola en medio de todo este desastre?
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Hace unos meses. Una noche de verano.
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-No abras los ojos. -me dijo en el oído, después soltó su risa y se me puso el pelo de punta.-
-¿Y qué importa si lo hago? ¡Llevo una venda, no puedo ver nada! -dije en broma mientras reía al compás de él.-
-Ajá, me estás mintiendo, estás viendo todo perfectamente, ¿a qué si? -dijo de repente con la voz seria-
-¡Qué no, te estoy diciendo! -grité-
-¿Cuántos dedos tengo? -preguntó dispuesto-
-¿Y como lo voy a saber? ¿Eres gilipollas o qué?
-No me insultes, niña.
-No soy ninguna niña.
-Ya lo sé.
-Cállate, y quítame esto, ¿ya hemos llegado?
-Eres una desesperada.
-Y tú un idiota y me lo callo siempre.
-¿Así que un idiota, eh?
-Sí.
-Pues muy bien, este idiota, tiene una sorpresa para ti, que sé que te va a encantar. Abre los ojos, cariño. -dijo con su voz suave, mientras me quitaba la venda de los ojos. Cuando los abrí, no sabía ni que decir. Aquello era precioso. Una azotea, con vistas a todo Madrid iluminado. Las estrellas nos miraban y fueron testigos de como me acercaba a él y le besaba intensamente. De como me agarró por las piernas y me subió encima suya, rodeándole yo por la cintura. Mis manos en su pelo, sus labios en mi cuello besándome, impregnándome de él. Caímos sobre el suelo frío que nosotros calentamos con nuestros cuerpos unidos en uno. Las luces de Madrid, pudieron ver como nos uníamos, como hacíamos  el amor, una y otra vez, sin casarnos, sin saciarnos del todo. Necesitabamos siempre más el uno del otro. Él era parte de mi. Al día siguiente, me desperté no sé como, con un maravilloso desayuno al amanecer. Con esas vistas. Después nos dedicamos a correr juntos cogidos de la mano. A corriente del mundo. Pero sin miedo. Podía pasar en ese instante cualquier cosa pero nosotros juntos la superaríamos. Lo sabíamos. Eramos indestructibles. Nos juramos un para siempre. Hicimos un futuro juntos. Y todo se rompió. El infinito se rompió. Y mucha oscuridad.
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Abrí los ojos y suspiré. Después lloré. Lloré mucho, incluso recuerdo que grité hasta desgarrarme la voz. Que poco haría sin él. Me subí en la barandilla, de pie, y miré hacia abajo. No tenía vértigo. Ya no. Abrí mis brazos, era una sensación de un poco de alivio. De desahogo en mi vida. Algo bueno, entre toda la mierda. Mucho silencio llegaba a mis oídos. Y de repente me sobresalté. Alguien me agarró por la cintura, haciendo que me inclinará hacia adelante, haciendo que estuviera a punto de caer. Pero esas manos me agarraron más y más fuerte y haciendo fuerza para atrás, caí de espaldas. Era un chico de más o menos mi edad. Castaño y con un ojos verdes preciosos.
-¡Imbécil! ¿Se puede saber que coño te pasa? Casi me matas, dios, que susto.- dije enfadada mientras le pegaba un leve puñetazo en el brazo.-
-Yo... lo siento.
-Joder.
-Pensé que te ibas a tirar. -dijo mirándome a los ojos-
-¿Tirarme? Dios, no. Bueno, que no importa, gracias de todas formas, no quería pagarla contigo -dije levantandome del suelo a la misma vez que él y sacudiéndome los pantalones.-
-Da igual.-él seguía mirándome y me intimidaba. Bastante. Tirando a mucho-
-Bueno, hasta luego. -dije después de unos segundos de silencio, dándome la vuelta y bajando ya por las escaleras le escuché gritar.
-¡Espera! -y me paré, y él llegó hasta mi altura. Me sacaba dos o tres cabezas como mínimo- ¿Cómo te llamas? -abrí los ojos y no sé porque me salió una leve sonrisa.-
-¿Te interesa mucho? -pregunté cruzándome de brazos-
-Tengo que saber como se llama la chica a la que casi mato.
-Al menos lo reconoces. -dije simulando enfado-
-Ha sido una accidente-dijo arrepentido-
-Era broma. Ya te has disculpado. -reí, y seguí bajando escaleras rápido. Noté que él me seguía-
-¡Eh! -gritó y yo seguí bajando más rápido, hasta que al cabo de unos segundos llegué abajo pero me alcanzó, me cogió del brazo y me giró, y después puso sus manos en mi cintura.-¿Qué cómo te llamas? -preguntó muy cerca de mi oído. Yo estaba a punto de temblar, miraba hacia abajo nerviosa ¿qué coño le pasaba a este tío? -
-Leire. -dije bajito. Y me separé un tanto incómoda. Se dio cuenta y guardó distancias. Y yo salí corriendo y esta vez aquel chico no me seguía.
-Leire. -repitió el chico en tono suave, y sonrío satisfecho, pero yo aquello no lo pude ni oír ni ver-

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Continuará.



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