16 de agosto de 2012

Piensa antes de hablar.

Mirarse al espejo y preguntarse, ¿en qué me he convertido? ¿quién me ha hecho ser así? Es duro. Es duro, abrir los ojos y no reconocerte. No saber quién eres y porque sigues respirando. Te encierras en el baño y tu vida pasa ante tus ojos. Dime, pequeña, ¿cuántas veces te han insultado por ser como eres? ¿por no ser aquella estúpida barbie del fondo de tu estantería? Dímelo, dime todas esas veces que lloraste por sentirte inferior a las demás. Por salir a la calle y ser una hormiga, a la cual, en cualquier momento pueden pisar. ¿Cuántas veces te encerraste en el baño para hacerte daño? ¿Cuántas veces soñaste que un día te levantarías siendo unas de esas chicas preciosas de cara y con un cuerpo de cine? ¿Te duele que te llamen fea, verdad? Porque a mi si. A mi y a miles de chicas más. ¿Y os digo una cosa? Nunca llegaré a quererme. Lo tengo asumido. Espero que todas las demás, lo hagan, pero yo no. ¿Queréis saber otra cosa? No paseis vuestra vida, encerradas en vosotras mismas. Salid, salid y mostraros tal y como sois, nunca sabréis quién se puede enamorar de vuestra sonrisa. Las sonrisas sirven para mucho más que para ocultar cosas. No es vuestra culpa, no es el espejo, simplemente son las personas. Porque me reitero en lo que siempre he dicho, el mundo está repleto de monstruos que se hacen llamar personas. Los monstruos, monstruos son. No dejéis que os pisoteen. No os dejéis matar poco a poco. Sed vosotras mismas, hasta vuestra última bocanada de aire. 

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