3 de mayo de 2012

El mundo sigue girando, a pesar de que tu corazón este destrozado.

Miro hacia abajo y pudo ver como sus pies, hacían que varias piedras, cayeran al vacío, a la nada más absoluta.  Desde que nació, su vida fue una caída para abajo, para el núcleo terrestre, rompiendo así esas teorías físicas estúpidas. ¿Por qué si siempre había estado cayendo tenía miedo ahora? Solo era un salto y todo terminaría. Saco aquella que tanto tiempo había estado guardada en su bolsillo trasero del pantalón y lo vio. Otra vez. Su pelo rubio y corto, sus ojos brillantes y verdes, esperanza, esos  pequeños brazos que tantas veces había estado junto a los suyos y sobre todo, esa sonrisa, la de su hermano. Lo echaba tanto de menos que dolía. Quería estar con él y está era la única solución. Mientras caía una lágrima desobediente por su mejilla, tiró aquella foto, susurrando un, nos vamos a ver pronto     pequeño. Suspiró, cerró los ojos y extendió sus brazos. Respirar, espirar, ¿para qué? Nadie lo echaría en falta. De repente, sin esperarlo, sintió un brazos por detrás, subiéndose encima de él, haciendo que casi los dos cayeran por ese precipicio. No lo hagas, por favor, no lo hagas, sollozo su voz. Él confundido se dio la vuelta y la tuvo a escasos centímetros. Bajó la cabeza para poder mirarla, ya que le llegaba por el pecho. Como siempre, estaba con su pelo pelirrojo al viento y con esos ojos marrones, que suplicaban que volviera con ella, derramando lágrimas, que tiempo después él no se perdonaría jamás. Era la mujer de su vida.
Te quiero, Jace, ¿me escuchas? yo te quiero, no me puedes hacer esto. No puedes dejarme sola, Jace... me lo prometiste. Entonces él, después de años, sufriendo, se dio cuenta, no podía quitarse la vida, había gente aún en el mundo que le quería y necesitaba, había gente que lloraría por su muerte, pero había estado tan cegado por la ida sin vuelta de su hermano pequeño, que no podía ver más allá. La abrazo, abrazo a la chica que le había devuelto la vida, y no hizo falta palabras, ellos se entendían, ese era su idioma. 

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